24 de noviembre de 2010

Perfil de un votante del PP


Entre la sociedad española y la ciencia ficción hay una divergencia de 180º: son completamente opuestas. La ciencia ficción hace verosímil lo irreal, mientras que la sociedad española hace real lo inverosímil. ¡Así nos va!

Consciente de su forma de pensar, envié a un colega “internetiano” mi artículo publicado en este blog, titulado “Estoy harto de estar harto y quiero soluciones”, acompañado de un mensaje, en el que le decía:

Xxxxxx, entra en http://www.votaciudadanos.com y dame tu opinión.

Si quieres puedes mandarlo donde te apetezca.

Saludos.

Pepe

Su respuesta, después de leerlo, fue:

Pepe, ya conocía a Albert Rivera, y muy bien porque lo veo en todos los debates de tv. (sea el canal que sea), y dice verdades como puños, pero yo como estoy chapado a la antigua sigo con el PP, que es el que yo toda mi vida he mamado, igual que la religión católica, y comprendo tu pregunta, pero a la hora de votar cada uno tiene que meditarlo y hacer lo que mejor le parezca.

Saludos

Da pavor pensar que el futuro de los españoles está anclado por su dependencia del voto de muchas personas que piensan de un modo similar, cualquiera que sea su nivel cultural, pues, en el caso que nos ocupa, se trata de un septuagenario con título universitario y posición acomodada.

Las pocas palabras de su respuesta dan pie para llegar a muchas conclusiones.

1ª.– Afirma que conoce muy bien a Albert Rivera y sigue sus intervenciones y no hay duda de que le gustan, porque “dice verdades como puños”, No lo rechaza; pero tampoco lo admite.


2ª.– Está claro que reconoce y valora las “verdades como puños” que dice Albert Rivera; pero prefiere apoyar las mentiras como catedrales con que Rajoy y sus secuaces embaucan a media España para seguir en su rentabilísima y corruptísima poltrona.


3.– La paupérrima razón que argumenta, para seguir votando al PP prescindiendo de todo análisis racional, es que él está “chapado a la antigua”.


4ª.– La frase “sigo con el PP, que es el que yo toda mi vida he mamado” es una prueba terrible de la inmadurez de sectores muy amplios del pueblo español: muchas personas piensan o, mejor dicho, asumen los pensamientos de sus tatarabuelos, sin molestarse en analizarlos y sin aportar absolutamente nada de su propia cosecha, con lo que se van transmitiendo los errores de generación en generación. Creo que no es necesario demostrar que la ideología de los abuelos que hicieron la Guerra Civil es la que decide en la actualidad el voto de muchos de sus nietos.


5ª.– La cita del apartado anterior se complementa con que es el que yo toda mi vida he mamado, igual que la religión católica”. Se trata de un caso más de católico no practicante que no está de acuerdo con muchas cosas de la Santa Madre Iglesia, lo que equivale a ser agnóstico enmascarado. En esta sociedad española está demonizado ser agnóstico; pero tampoco goza de buen prestigio ser un measalves, por lo que encontramos unos que “sí; pero no” y otros que “no; pero sí”, tan desorientados que, en realidad, ni siquiera saben lo que son. Muchos agnósticos, entre los que podríamos encontrar a infinidad de curas, sentimos por Cristo una veneración y un respeto mucho más profundos que quienes alardean de sus devociones.

6ª.– ¿Cómo no voy a estar de acuerdo con “pero a la hora de votar cada uno tiene que meditarlo”, si es eso precisamente lo que estoy pidiendo? Lo que pasa es que resulta paradójico decir esto y aseverar, al mismo tiempo, “sigo con el PP, que es el que yo toda mi vida he mamado”. Me parece una forma muy extraña de meditar.

Reconozco, respeto y defiendo el derecho inalienable que tiene el firmante del mensaje analizado a tener las ideas que considere oportuno y manifestarlas por cualquier medio; pero no puedo compartirlas y, contra ellas, no tengo más remedio que exponer la mía de que esa actitud de mantener el voto anclado, pase lo que pase, está hundiendo a generaciones de españoles, tanto actuales como algunas sucesivas. Votar a los corruptos es ser cómplice y responsable de la corrupción que generen.

En este mismo artículo que estás terminando de leer, he hablado de “las mentiras como catedrales con que Rajoy y sus secuaces embaucan a media España para seguir en su rentabilísima y corruptísima poltrona”. No ha sido un desliz, sino que lo he hecho consciente de que a muchos peperos se les puede decir corruptos y sinvergüenzas sin que se inmuten para nada. Yo lo he hecho por escrito, en cartas cuyas copias conservo, con el correspondiente acuse de recibo, publicadas después en las páginas 149 y siguientes del libro “Así funciona España, para vergüenza de sinvergüenzas” (cuya descarga gratuita puedes conseguir pinchando aquí, junto con la carta a Alicia Sánchez Camacho y el artículo “Estoy harto de estar harto”).

Si no tuviesen motivos para callar, estas cartas hubiesen servido para incrementar mi colección de querellas; pero su “valiente” respuesta ha sido siempre el silencio. No dudo que Rajoy gobernará en España; pero estoy seguro de que su mayor o, tal vez, único mérito es la concatenación de ruinas en que ha sumido ZP a casi todos los españoles, de las que han sacado y sacan enormes beneficios los privilegiados de su casta.

Pepe Aguado

23 de noviembre de 2010

Estoy harto de estar harto y quiero soluciones

Tengo un amigo que lleva rebelandose mucho años y me ha mandado este articulo que creo vale la pena publicarlo.



Son tantas las cosas de las que estoy harto, que podría resumirlas en una sola hartura global: la de ver cómo España se desmiembra y se hunde en una miseria, tanto económica como ética y cultural, completamente tercermundista.


Estoy harto de ver la satisfacción y hasta el orgullo de muchos compatriotas que todavía siguen convencidos de que España es un país democrático, sin darse cuenta de que su autoridad de “pueblo soberano” queda limitada a su derecho a acudir cada cuatro años a las urnas, sin saber exactamente para qué.


Estoy harto de que traten de convencerme de que vivo en un Estado de Derecho, cuando la realidad me demuestra que los españoles nos vemos privados de forma sistemática de los derechos más elementales.


Estoy harto de que se me diga que estoy amparado por una Constitución y quienes tienen la obligación de hacerla respetar sean los primeros en privarme de los derechos que ella me confiere.


Estoy harto de verme representado oficialmente por gobiernos (hablo en plural) que no representan en absoluto mi pensamiento ni mis aspiraciones.


Estoy harto de sentirme ridiculizado como español con las actuaciones de nuestros representantes, cuando salen al extranjero.


Estoy harto tanto de los engaños de políticos miserables y embaucadores como de la ingenuidad de quienes se los creen.


Estoy harto de verme obligado a votar no a quien yo quiero, sino a toda una lista de individuos que, por encima de todo, van a defender los intereses del partido que tanto beneficia los suyos propios.


Estoy harto de esperar la conjunción planetaria que ha de redimir a la humanidad.


Estoy harto de ver brotes verdes que se marchitan antes de florecer.


Estoy harto de ver a mi Patria humillada y de rodillas, ante gobiernos extranjeros dictatoriales y completamente desprestigiados.


Estoy harto de ver la impunidad con que se injurian y ridiculizan los símbolos de la Patria y la persona del Jefe del Estado.


Estoy harto de ver que, dentro del territorio español, está marginándose el uso del Español (manifestación que hago desde mi posición de defensor declarado de todas las lenguas y abogando por su potenciación).


Estoy harto de las diecisiete españas.


Estoy harto de que, en algunas regiones de España, lo español resulte abominable.


Estoy harto de que unos gobiernos desvergonzados e irresponsables (hablo en plural) chalaneen con la integridad y la dignidad de mi Patria, a cambio de unos votos miserables que les permitan la continuidad en su puerca poltrona.


Y, como ya me he hartado de decir que estoy harto, lo dejo aquí, antes de que tú, querido lector, te hartes de leerme; pero te aseguro que serían muchas las páginas que podría llenar con la bochornosa relación de nuestras calamidades.


Ahora soy yo quien pretende convencerte; pero no, como harían nuestros politicastros, para venderte la moto y darte después una bicicleta oxidada y sin ruedas, sino para pedirte que aportes tu grano de arena en la labor de hacer que España resurja de estas cenizas en que la hemos convertido, por la voraz avaricia de unos y la estúpida pasividad de otros.


Hay que reconstruir esta España demolida y, para ello, necesitamos nuevos planos, nuevos materiales, nuevos artífices. Tanto tu voto como el mío no son nada más que un ladrillo, aparentemente insignificante, de esa reconstrucción. Por favor, no lo pongas en manos de los mismos operarios torpes, irresponsables y desvergonzados que han utilizado la piqueta de la demolición, porque no saben construir, sino destruir. Necesitamos arquitecto y albañiles nuevos, con fuerza, juventud, lucidez de ideas y, sobre todo, honestidad y espíritu de responsabilidad.


En estos tiempos de crisis en que nos encontramos, vemos con frecuencia testimonios de personas defraudadas, que lamentan haber utilizado mal su voto. No caigas en el mismo error.


Como puedes ver, no trato de convencerte para que escojas la papeleta de un partido concreto o confíes en una persona determinada. Lo único que te pido es que seas consciente de tu responsabilidad y, por favor, niegues tu voto a los de la piqueta y convenzas a todo el que puedas para que haga lo mismo.


¡Si no acabamos con esta situación, esta situación acabará con nosotros!


Pepe Aguado

23 de octubre de 2010

Esta España nuestra… o ¿de quién?

Ahí queda la pregunta: ¿De quién es esta España nuestra?


No lo sé; pero sospecho que su amo puede ser cualquiera, menos el mal llamado “pueblo soberano”.


Lo que sí es cierto es que se ha cumplido el vaticinio, más agorero que sibilino, que predijo Alfonso Guerra, a quien considero paradigma indiscutible del socialista español: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Y D. Alfonso acertó.


Desde el “cuarto año triunfal” (pues así se calificaban los primeros transcurridos desde que llegó la Victoria en vez de la Paz), en que, para bien o para mal, vi por primera vez la luz del sol, las diversas etapas de mi vida se han ido cuajando con infinidad de episodios y experiencias que han configurado mi evolución personal. Pues bien: en los ya muchos años transcurridos, no he visto jamás a los españoles tan vejados, humillados, desorientados y abochornados por una terrible sensación tan grande de vergüenza nacional.


En las escuelas, hemos pasado del “Cara al sol” y las “Flores a María” al reparto de preservativos y la incitación al disfrute prematuro de la sexualidad; en política, ya no tenemos un Dictador, sino cincuenta mil, que imponen impunemente su voluntad, sin que el pueblo soberano pueda evitarlo; en Justicia, la veneración que sentíamos los españoles por los jueces de antaño ha dado paso a un auténtico pánico a verse obligado a recurrir al amparo de los togados, quienes, para mayor oprobio, tienen que difundir campañas publicitarias pagadas con dinero público para mejorar su imagen, tan desprestigiada por ellos mismos.


Nuestro bochornosamente prostituido Congreso de los Diputados, haciendo dejación de su dignísima función de lugar donde se discuten y solucionan los problemas de la Nación, se ha convertido en una afrentosa cancha de tenis, en la que, como actividad principal y casi exclusiva, nuestros y nuestras “Señoríos” y Señorías se arrojan frenéticamente, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, insultos y descalificaciones. A esto hay que añadir el ignominioso chalaneo de votos, con el que los gobernantes, para comprar su permanencia en el poder, venden la dignidad de España a precio de saldo, convirtiendo el hemiciclo parlamentario en un mercadillo barriobajero y rufianesco.


A España no ha llegado todavía la Democracia. En cambio, se ha convertido gradualmente en un desierto cultural, en el que infinidad de sátrapas ineptos y desvergonzados satisfacen sus ambiciones de lo único que su menguada inteligencia les permite valorar: el dinero y los bienes materiales.


El “¿soberano?” pueblo español (que, en teoría, es quien manda) ve limitada su soberanía a votar, cada cuatro años, no a los representantes que considere dignos de su confianza, sino a los que más convienen a los intereses de los diversos partidos que confeccionan las listas. Una vez elegidos los representantes y configuradas las instituciones, los derechos del “¿soberano?” pueblo español quedan limitados al pago de impuestos para sufragar unos gastos que él no tiene derecho a decidir e incluso ni siquiera a controlar. Nuestros avispados representantes, con una obscenidad insultante, se asignan sueldos y otorgan subvenciones y demás prebendas, con total garantía de impunidad y sin sometimiento alguno al control de quienes sufragan esos gastos.


Esta España nuestra, que siempre fue un país de corruptos, se ha convertido en ultracorrupto, mal cuyo remedio está (¡Dios nos ampare!) en los tribunales de la Administración de Justicia Española.


Y no quiero hablar, por ser tema muy manido y bochornosamente recurrente en los medios de comunicación, de la inmoralidad, la ineptitud, la desvergüenza y las mentiras, tanto de los unos como de los otros y de los colaterales, y de la agresión parricida con que algunos pretenden destruir o, por lo menos, marginar todo lo español, sin que se salve de este ataque irracional ni siquiera un riquísimo idioma de belleza evidente, gloriosa tradición literaria y notoria difusión universal.


El desprestigio de casi todas las instituciones españolas y, sobre todo, de los políticos que las mangonean es tan grande que, ante la inminencia de una contienda electoral, muchos españoles nos preguntamos perplejos: “Y ¿a quién coños voto ahora?”


España necesita un cambio rotundo, total. La estructura del Estado, la Ley Electoral, la Constitución, los sindicatos, la Administración de Justicia y el resto de dependencias de la Administración en general y, por encima de todo, nuestra clase política nos han llevado a la oprobiosa situación en que nos encontramos.


Y, si queremos cambiar España, hemos de empezar por arrancar de raíz la metastásica corrupción de la casi totalidad de nuestros políticos de pro y buscar algo nuevo o, si no existiese, crearlo.


Mi deseo de satisfacer esta necesidad de renovación total es lo que me mueve, por ahora, a depositar mi voto a favor de Ciudadanos en todas las urnas donde tenga acogida su candidatura.


¡Ojalá no me equivoque una vez más!


Pepe Aguado


10 de marzo de 2010

COITUS INTERRUPTUS DE ROSA DÍEZ EN LA U.A.B.


Hoy, 5 de marzo de 2010, a las 12h.15, estaba planificada una conferencia de Rosa Díez en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). “La que no va de moderna, sino que es moderna” (Rosa Díez dixit), la “Napoleona Mayor de la Granja de UPyD (en sentido orwelliano, por supuesto), debía disertar sobre “UNA ALTERNATIVA PARA CATALUÑA”.


· Cuando llegué al lugar del parlamento, el aforo estaba casi completo; pero sobre todo estaba colapsado el pasillo que conducía al estrado, donde debía oficiar lingüísticamente nuestra Rosa-Napoleona de UPyD (“Napoleona”, en sentido orwelliano, evidentemente). Esta ocupación del espacio era premonitoria de lo que podía suceder y que en efecto sucedió, como relataré infra.


· Sobre la tarima del aula, esperaban ya (yo llegué, como buen europeo, a las 12h.15 en punto), con la sonrisa puesta (por lo de las fotos y por lo de las cámaras de TV), los futuros grandes “cerdos orwellianos” de la Granja de UPyD-Cataluña: me refiero a los sectarios y autoritarios Antonio Robles, a su inseparable costilla de Adán, a Juan Ramón Periche (el palafrenero y monaguillo personal de A. Robles), así como a otros cuerpos a los que no puedo poner ni alma ni nombre, que deben formar parte de la “quinta columna”, que ha estado preparando la llegada, en paracaídas, de Antonio Robles, cual ave rapaz, para apropiarse de la Granja de UPyD-Cataluña, y que constituían la aguerrida guardia pretoriana que debía defender la integridad de la portadora de la buena nueva (“Una alternativa para Cataluña”). ¡Ah! Ocupaba también un espacio sobre el estrado, la inexpresiva y acartonada María Teresa Jiménez i Jiménez (alias Jiménez i Barbat, como ella se hace llamar); y Manel Gil, el “homme à tout faire” del “despoltronado”, según las buenas lenguas, tanto de la Coordinadora de UPyD-Cataluña como del Consejo Político, Ángel Hernández.


· Como he sugerido supra, la “Napoleona Mayor de la Granja de UPyD (siempre en sentido orwelliano, claro), Rosa Díez, no pudo hacer su prestación lingüística y exponer a los presentes la “alternativa para Cataluña”, que ella iba a ofrecer a los ciudadanos de nuestra comunidad autónoma. En efecto, entre el público eran mayoría los que consideraban que “la que no va de moderna, sino que es moderna”, Rosa Díez, era una “persona non grata” en la UAB. Y a pesar de que intentase entrar en la sala, escoltada, como diría Luis María Anson, por una de “esas viejas rameras que hacen la calle por los pasillos del Congreso y a los que todos llamamos políticos", me refiero a Antonio Robles, la mayoría de los presentes impidió con sus cuerpos (que abarrotaban el pasillo que conducía al estrado) y con sus gritos (que velaban el verbo del Decano de la Facultad, que pretendía poner orden en el recinto) que “la modernaRosa Díez pudiese entrar en el recinto y hacer uso de la palabra. Estos son los hechos acaecidos y así se los he contado, como diría un famoso locutor de TV.


· Es lamentable que, en un recinto como la Universidad, se prive a alguien de la palabra y se le censure. Los que hemos bebido en las fuentes de la cultura de la “liberté, égalité, franternité”, nunca lo podremos admitir y lucharemos siempre contra ello, tanto en la universidad como fuera de ella. La libertad es un valor supremo y es, además, garantía de todos los derechos humanos. Precisado esto, me veo en la obligación de afirmar y de informar que a Rosa Díez se le ha pagado con la misma moneda que ella ha puesto en circulación y que tiene curso legal en la “Granja Orwelliana de UPyD”, que ella regenta y gobierna, como un “Napoleón Orwelliano”, guiada por el sectarismo, el autoritarismo y la discrecionalidad. En efecto, ella ha acallado, vilipendiado, censurado, marginado, expedientado o expulsado a todos aquellos que han tenido la osadía de pensar y de tener criterio propio, y que han puesto por delante de las personas el proyecto encarnado por UPyD. Como dice el aforismo popular, donde las dan las toman.


· La mensajera Rosa Díez traía, en su discurso-zurrón, una “ALTERNATIVA PARA CATALUÑA”. El término “alternativa” implica que algo, en Cataluña, no va bien, no funciona y se propone, como dice el diccionario Vox, “una solución de repuesto”, algo diferente, algo nuevo, algo distinto. Ahora bien, para elaborar una alternativa para Cataluña, hay que analizar, desde muy distintos puntos de vista (económico, social, educativo, lingüístico, sanitario, seguridad, cultural, etc.) la realidad compleja de esta comunidad autónoma para conocer sus problemas, sus carencias y, en consecuencia, buscarles una solución. Que yo sepa y soy afiliado de la “primera hora”, en UPyD-Catalaña no hay equipos de trabajo que hayan analizado la realidad catalana y que hayan propuesto alternativas. Y la situación es aún mucho más grave: no sólo no se nos ha pedido nuestra opinión y criterio a los afiliados, sino que las “nomenklaturas de UPyD”, tanto de Madrid como de Barcelona, se han dedicado a marginar, a ningunear a guillotinar a profesionales y especialistas en economía, en ciencias políticas, en sociología, en lingüística, en sanidad,... o a simples militantes con criterio propio (no doy nombres por no personalizar). Todos estos profesionales y los que somos simples militantes, pero que conocemos la realidad multicolor de la realidad catalana por estar viviéndola y/o sufriéndola, somos los únicos que, con conocimiento de causa, podemos elaborar una alternativa para Cataluña, que la portavoz Rosa Díez podría presentar en la UAB o en cualquier otro sitio. Así no se hacen las cosas, así no se trabaja por los ciudadanos, así no se hace política, Sra. Rosa Díez. Los discursos de charlatán de mercadillo, que lo mismo valen para un roto que para un descosido, son las señas de identidad de los partidos al uso, que consideran a los ciudadanos ganado lanar. UPyD es o debería ser otra cosa, aunque parece que no se diferencia en nada de sus mayores.

·

Manuel I. Cabezas González


Afiliado de UPyD 1150

Pero, ante todo,

seguidor y practicante de la doctrina de la « Honestidad Radical »


Fuente: Ciudadanos en la Red

5 de marzo de 2010

Masacre de oficiales polacos en Katyn


Hoy hace 70 años,1940, de las ejecuciones de 17.400 oficiales polacos en el bosque de Katyn.

Parece que existen ciertas efemérides que nadie recuerda.El PCUS decidió que sería la fórmula mas sencilla para desmebrar Polonia.

Conocemos los resultados de aquella actuación.

En épocas de memorias historicas,creo que nadie,"La prensa libre" no lo recordará.

Me encantaría estar equivocado.

http://www.exordio.com/1939-1945/codex/msoldado/katyn.html


José Mª Fabregat

22 de febrero de 2010

Comunicado español al pueblo vasco

9 de febrero de 2010

"La inocencia es ignorancia"

Soren Kierkegaard.

El concepto de la angustia.1844

Filósofo religioso danés, cuyo interés por la existencia, la elección y el compromiso individuales tuvo gran influencia en la moderna teología y en la filosofía occidental, sobre todo en el ámbito del existencialismo. Kierkegaard nació en Copenhague el 15 de mayo de 1813. Su padre era un rico comerciante y un estricto luterano, cuya tenebrosa piedad, dominada por un sentimiento de culpa, y fantasías morbosas influyeron y obsesionaron a Kierkegaard. Sören Kierkegaard estudió teología y filosofía en la Universidad de Copenhague, donde conoció la filosofía hegeliana, contra la que reaccionó con apasionamiento. En la universidad abandonó el protestantismo luterano y durante un tiempo llevó una extravagante vida social y se convirtió en una figura en los teatros y cafés de Copenhague. Tras la muerte de su padre en 1838, sin embargo, decidió reemprender sus estudios teológicos. En 1840 se comprometió con Regine Olson, de 17 años, pero muy pronto se dio cuenta de su incapacidad para aceptar ese vínculo a causa de su naturaleza melancólica y de su vocación filosófica. Rompió el compromiso matrimonial en 1841, pero este hecho fue muy significativo para él y aludió al mismo repetidas veces en sus libros. En esa época se dio cuenta de que no quería ser un pastor luterano. La herencia recibida de su padre le permitió dedicarse por completo al pensamiento filosófico y durante los 14 años que vivió tras este episodio escribió más de 20 obras.

El trabajo de Kierkegaard es poco sistemático de un modo intencionado y reúne ensayos, aforismos, parábolas, cartas ficticias, diarios y otras modalidades literarias. Muchos de sus ensayos fueron, al principio, publicados bajo seudónimos. Aplicó el término existencial a su filosofía porque consideraba a ésta como la expresión de la vida individual examinada con intensidad y no como la construcción de un sistema monolítico a la manera del filósofo alemán del siglo Georg Wilhelm Friedrich Hegel, cuyo trabajo criticó en Notas concluyentes no científicas (1846). Hegel afirmó haber conseguido un absoluto entendimiento racional de la vida humana y de la historia, Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad y la paradójica naturaleza de la situación de los hombre. Afirmaba que los problemas fundamentales de la existencia desafían una explicación racional y objetiva; la mayor verdad es subjetiva.

Kierkegaard mantenía que la filosofía sistemática no sólo impone una falsa perspectiva de la existencia humana, sino que también, al explicar la vida en términos de necesidad lógica, se convierte en una manera de evitar la elección y la responsabilidad. Creía que los individuos crean su propia naturaleza a través de su elección, que ha de hacerse sin el peso de normas universales y objetivas. La validez de la elección se puede determinar tan sólo de una forma subjetiva. En su primer gran trabajo O lo uno o lo otro (2 volúmenes, 1843), Kierkegaard describió dos esferas o ámbitos de existencia entre las que podía escoger el individuo: la estética y la ética. La vía estética de la vida es un hedonismo refinado, que consiste en una búsqueda del placer y el cultivo de la apariencia y las formalidades. El individuo que ha seguido la vía estética busca la variedad y la novedad en un esfuerzo por evitar el aburrimiento pero al fin tiene que enfrentarse a éste y a la desesperación. El camino de la vida ética implica un intenso y apasionado compromiso con el deber y con obligaciones sociales y religiosas incondicionales. En sus últimos trabajos, como Estudios en el camino de la vida (1845), Kierkegaard percibe en este sometimiento al deber una pérdida de responsabilidad individual y propone un tercer nivel, el religioso, en el que uno se somete a la voluntad de Dios, pero, al hacerlo, encuentra la auténtica libertad.
En Temor y temblor (1846) Kierkegaard se centra en el mandamiento de Dios según el cual Abraham ha de sacrificar la vida de su hijo Isaac, un acto que viola las convicciones éticas de Abraham. Éste da muestra de su fe al someterse al mandato de Dios, incluso aunque no lo pueda comprender. Esta 'suspensión de la ética', como lo llamaba Kierkegaard, permite a Abraham alcanzar un auténtico compromiso con Dios. Para evitar la desesperación última, el individuo tiene que dar un 'salto de fe' similar en una vida religiosa, que es en sí misma paradójica, misteriosa y se halla plagada de riesgos. Uno está llamado a ello por el sentimiento de la angustia, El concepto de la angustia (1844) que, en última instancia, es un temor a la nada.

Hacia el final de su vida, Kierkegaard se vio sumido en el núcleo de agitadas controversias, sobre todo con la iglesia luterana danesa, a la que consideraba mundana y corrupta. Sus últimos trabajos, como La enfermedad mortal (1849), reflejan una idea cada vez más pesimista del cristianismo que enfatiza el sufrimiento como esencia de la verdadera fe. También redobló sus ataques, dirigidos contra la moderna sociedad europea, que denunció en La era actual (1846) por su falta de pasión y sus valores cuantitativos. La tensión producida por sus numerosos escritos y las controversias en que participó, minaron poco a poco su salud; en octubre de 1855 se desmayó en la calle y murió el 11 de noviembre de 1855 en Copenhague. La influencia de Kierkegaard se circunscribió al principio a Escandinavia y a la Europa de habla alemana, donde su trabajo tuvo un fuerte impacto en la teología protestante y en escritores como el narrador checo Franz Kafka. Cuando, a principios del siglo XX, el existencialismo surgió como un movimiento generalizado en Europa, las obras de Kierkegaard fueron traducidas con profusión y se le reconoció como a una de las figuras clave de la cultura moderna.

José María Fabregat.