Publicado el 22 Enero 2010 por FJ Mora
“Señor ministro Gabilondo, me gustaría que atendiera mi petición. Soy Natalia Santacreu de Valencia y me suspenden por utilizar el español en el colegio. Mis amigos franceses no entienden que me suspendan por hablar español en España. Le pido dos cosas: que me devuelvan los sobresalientes que me han robado y que usted ponga todos los medios para que el pacto de la educación dé los mismos derechos a todos los niños españoles“
Esa es la carta que Natalia le ha querido en tregar hoy al ministro responsable del vacío Ministerio de Educación, junto a la asociación civil que le está ofreciendo a ella y a su padre todo el apoyo que las “autoridades políticas” no le brindan, la recientemente creada Asociación Nacional para la Libertad Lingüística. No sé si le habrá quedado claro al hermano de Gabilondo. Es lo que ocurre por ser ministro por mérito de otros, como en los mejores tiempos del Caudillo de España por la Gracia de Dios. Ocurre que una niña de 10 años al ministro de la nada, del vacío, le escribe una carta, va a llevársela personalmente a su despacho sito a 500 kilómetros de su casa -que no es poco detalle- y él, maleducado, ni la recibe para darle un caramelo y hacerse la foto de rigor, que es lo úncio que haría, porque solución, ninguna. Y si no, al tiempo.
Los sobresalientes -y ya veremos si algo más- que le han hurtado a Natalia se han ido por el retrete de Paco Camps, porque no sé qué hacía Natalia en Madrid con su padre y con muchísimas personas más cuando el responsable de su robo, de su persecución y de esta sinrazón está en su ciudad, en Valencia, en el palacio de la Generalidad valenciana. Porque estas cosas ocurren donde los nacionalismos, todos del mismo signo, porque en ese mundo de carreta y naftalina no existe la derecha ni la izquierda. El nacionalismo supone el atraso más atroz y la desvergüenza más artera de cuatro amigos que han encontrado un filón para enriquecerse, medrar y mandar a costa del pueblo sufriente y masoca que les vota una y otra, y otra vez.
Si malo dicen que fue el franquismo para el valenciano, peor está siendo la “democracia” convirtiendo el habla popular de una parte importante de España en algo odioso y odiado, arma arrojadiza contra quienes no comulgan con los postulados que algún iluminado contemporáneo ha creído conveniente usar contra su propio pueblo al que dice servir y no servirse…
A Natalia, la pequeña Natalia, sus “educadores” le están queriendo inculcar la falsa y aberrante idea de que odia su cultura porque quiere -ella y sus padres- aprender y expresarse en el idioma más completo y más universal de los que existen en el mundo entero, el español. Como si su cultura no fuera, básicamente, la española, la de Cervantes y Antonio Gala; la de Santa Teresa, el infante don Juan Manuel, Miguel Hernández -valenciano universal- o Mario Benedetti. La cultura que bajo lo hispano une a España con América, y con la lejana Filipinas, o con los sefardíes que conservan, miman y enriquecen la lengua que se llevaron de su patria cuando fueron expulsados de ella.
La idiocia no debe prevalecer sobre la razón. Lo que nadie sabe es hasta cuándo estos patanes nos van a intentar controlar la vida. Con Cuba, Venezuela o Corea del Norte ya tenemos bastante. Conmigo que no cuenten.
Fuente: Alacant Digital

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